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Death & White es el primer arco argumental de Kenpachi's Fate.

Kenjiro es un shinigami peculiar, pese a poseer una fuerza increíble no posee convicción alguna. Sin un futuro claro, solo busca enfrentarse a aquellos que considera dignos por su poder y volverse más fuerte. Para su infortunio, se verá envuelto en los suceso previos a la Guerra Interna Shinigami así como también en los posteriores.

Sinopsis[]

001. Cazería nocturna[]

La luna llena iluminaba la tranquila noche en el Seireitei. Por los caminos de este se encontraba un joven shinigami albino. En su recorrido de regreso de sus entrenamientos diarios hay algo que lo distrae de sus vagos pensamientos. Esto provoca que se detenga y voltee, curioseando sin saber exactamente el por qué. Es en ese momento en el que, sorprendido, observa que es emboscado y rodeado por una docena de hombres completamente cubiertos de negro. Aunque a diferencia de él, estos no vestían el típico shihakusho, sino que más bien parecían...

— ¿Ninjas? —

Se preguntó en vos alta. Inmediatamente aquel que se encontraba más cercano a él puso una espada en su rostro, en modo de amenaza. Y procedió a advertirle.

— Kenjiro Furukawa, no opongas resistencia. Vendrás con nosotros. —

El joven shinigami tenía la mirada perdida, aunque se enfocaba en la corta hoja metálica que blandía aquel que habló, y al que seguramente no escuchó. Sus pupilas se dilataron. Acto seguido mordió la hoja y la partió. Seguido a esto, apenas un segundo le bastó para desenvainar su espada y cortar horizontalmente a la mitad al anonadado hombre.

El resto reaccionó rápidamente y tomaron distancia con movimientos acrobáticos. Excepto un segundo hombre, quien terminó alcanzado por la sangre de su compañero en su rostro, para luego ser apuñalado en su pecho por la misma espada que cortó al primero.

— ¡¿Acaso perdiste la cabeza?! —

Vociferó uno de los hombres, luego de ver dos de sus compañeros asesinados. A su vez, el resto se mostraba en una pose de guardia.

— Si querían pelear solo tenían que decirlo. —

Los hombres se vieron impresionados al presenciar la escalofriante sonrisa del joven. Inmediatamente uno de estos declaró la retirada, procediendo a separarse y a desvanecerse del lugar. Sin embargo eso no sería más que el comienzo de una sangrienta cazería.


Esa misma noche, aunque horas antes y en otro extremo del Seireitei, en el salón de asambleas de la cámara de los 46, se encuentra un shinigami de avanzada edad con una extensa barba gris ante la mirada de los cuarenta sabios y seis jueces.

— ¿Y bien, Ichiei? ¿Qué tienes para decir ante los rumores y acusaciones en contra de tu clan? —

[ Ichiei Furukawa, capitán de la duodécima división y actual líder de su clan. ]

Interrogó uno de los jueces. Ante la atención del resto. El acusado se mostraba en plena calma y mantenía la compostura.

— Debería tomar como ofensa tanta sospecha en contra de mi familia. Pero entiendo la situación y sus preocupaciones. Si lo que buscan es un culpable, un nombre... yo se los daré. —

002. Debilidad[]

Al cabo de unos minutos la "cazería" terminó, dejando a su paso una docena de cuerpos mutilados de miembros de la milicia de las fuerzas especiales. Y con un Kenjiro cubierto de sangre de sus víctimas. Pero él no es el único en el lugar.

— Pobres almas en pena. —

Se escuchó una voz masculina, con un tono apenado. Con esta, una silueta acercándose bajo la luz de la luna.

— Son las consecuencias de no conocer sus propios límites. —

Respondió Kenjiro, en un tono provocativo.

— ¿Y tú conoces los tuyos? —

Volvió a hablar el desconocido. Esta vez se acercó lo suficiente para dejarse ver. Este era un hombre alto y de piel morena, que a diferencia de otros shinigami no llevaba su katana atada a su cintura, sino que la llevaba en su mano.

[ Kyosuke Izanagi, teniente de la primera división.]

— ¡Yo no tengo límites! —

Exclamó Kenjiro, casi gritando, y en un tono de confianza. Expandió sus ojos y esbozó una leve sonrisa, sabiendo lo que ocurriría. Kyosuke procedió a desenvainar su espada mientras que murmuró unas palabras. Tras esto un aura sumamente pesada se hizo presente.

— Es una pena... lo lamento por Alana y Mizuki. —

Kyosuke se movió velozmente contra Kenjiro, atacándolo directamente con su espada. El peliblanco alcanzó a cubrirse con su katana, aunque igualmente salió despedido por la fuerza aplicada por su contrincante. Terminando por impactar contra el muro detrás de él, agrietándolo. Kenjiro se tomó un segundo para observar su espada, con una mirada extrañado.

— ¿Lo notaste, verdad? Tu espada ya no te desea. Es una de las habilidades de mi shikai, la lujuria. —

Habló Kyosuke. Aunque confuso, Kenjiro pareció entender. Por lo que procedió a clavar su espada en el suelo y, dejándola a un lado, levantó sus brazos en una pose de combate. La señal era bastante clara, pensaba luchar con sus puños.

Esta vez fue Kenjiro quien tomó la iniciativa y se lanzó al ataque. A gran velocidad se acercó a Kyosuke aunque este planeó detenerlo con su espada, confiando en lograr mantener una mayor distancia para no ser alcanzado. Así fue como posicionó su katana apuntando hacia el peliblanco esperando apuñalarlo y detenerlo.

Si bien su idea en un principio funcionó esto no detuvo a Kenjiro, quien siguió pese a ser atravesado en el lado izquierdo de su abdomen. De esta forma logró conectar un potente puñetazo directo en el rostro del teniente. Una leve onda expansiva sacudió el lugar. Kyosuke quedó atónito, tanto por el accionar de Kenjiro como la potencia del simple golpe.

Quedando prácticamente cara a cara, Kenjiro tomó con su mano izquierda la hoja de la espada y la retuvo. Aprovechando el desconcierto y lo aturdido que se encontraba su rival para seguir propinando una seguidilla de puñetazos con su brazo derecho. Uno tras otro, impactaban directamente sobre el lado izquierdo del rostro del teniente.

Kyosuke optó por retroceder cuanto antes, alejándose del shinigami. Se tomó unos segundos para recuperarse. Esto dio tiempo a Kenjiro de retomar su espada. La cual blandió en unos rápidos movimientos para ver si todo había vuelto a la normalidad.

Kyosuke notó como Kenjiro no mostraba señales de verse afectado por la herida que él le había causado. Es entonces cuando, en medio de sus pensamientos, vino a él una antigua charla con Alana. En esta ella mencionaba a Kenjiro no era alguien normal, aunque en la misma no explica a que se refería.

— Ya veo... por fin te conozco, Kenjiro. — Habló Kyosuke.

— ¡No hay mejor forma de conocer a alguien que en una batalla a muerte! —

Vociferó el peliblanco, mientras alzaba su espada y la apuntaba hacia él.

— No te confundas, no planeo matarte. Aunque debería, por respeto a Alana no lo haré. —

Estas palabras impactaron en Kenjiro. Quien se quedó en silencio por unos momentos.

Para sorpresa de ambos, la hoja de una espada atraviesa por detrás a Kyosuke, justo en el centro de su torso. Esto provoca que lance una bocanada de sangre, no sin antes girar su cabeza y observar por encima de su hombro.

Habiendo reconocido a su atacante, no pudo evitar maldecir. Para luego caer de rodillas y, posteriormente, terminar de ser ejecutado con otro corte.

[ Kenpachi Matsudaira, capitán de la undécima división.]

Kenjiro estaba atónito. Asimismo, notó que se encontraba paralizado. Solo pudo observar, con furia, como el capitán se acercaba caminando lentamente hacia él. Este le dedicó una mirada de desaprobación. Para luego susurrar un hechizo.

— Hakufuku. —

Mientras unos pétalos negros caían frente a él su visión se volvía borrosa. Kenjiro cayó al suelo, perdiendo la conciencia. No sin antes oír las palabras del capitán.

— Eres débil. —

003. Risas[]

Bajo las instalaciones de la primera división. En la prisión subterránea, en el primer nivel, donde aguardan los acusados a su sentencia, se encuentra Kenjiro. Dentro de una oscura y húmeda celda.

— ¿Ya has despertado? —

La voz, aunque en un tono bajo, resonó en el lugar. Esto trajo en si a Kenjiro. Abrió sus ojos lentamente. Al intentar moverse, notó que sus brazos se encontraban encadenados por detrás.

— Esto me trae recuerdos... ¿A ti no? —

Kenjiro alzó la mirada, y del otro lado de la celda que lo aprisionaba se encontraba Ichiei.

— ¿Recuerdas cuando te encontré en aquel suburbio? Tu propio poder espiritual te estaba matando, ningún alma joven es capaz de sobrevivir en esas circunstancias, ni de asesinar a otros shinigami entrenados. Aún así lo hiciste. —

Ichiei se tomó unos segundos, en donde hizo una pausa. Kenjiro seguía observándolo fijamente.

— No te importaba morir en ese entonces. Aún así te di una vida, una familia. Pero no te pude dar razones para vivirla.—

Esta vez, Ichiei se expresaba con una frialdad notoria.

— ¿A que viene todo esto? —

Cuestionó Kenjiro. Provocando una leve carcajada en Ichiei.

— ¿No lo comprendes, verdad? Se acabó... Bajo tus circunstancias, tu sentencia será peor que la ejecución. Aunque después de todo, si me fuiste útil en algo. —

La mirada de Kenjiro comenzaba a cambiar, su característico ceño fruncido perdía su forma para dar paso a una expresión de asombro. Estaba comenzando a ver el lado oscuro de Ichiei.

— Si hay algo en lo que coincidimos, es en que los más fuertes prevalecen. No te preocupes, un nuevo orden regirá sobre la sociedad de almas. Un nuevo balance será establecido. —

Por mucho que se esforzara Ichiei no pudo evitar dejar salir una risa macabra.

Kenjiro estaba atónito. El amable hombre que lo había adoptado, su abuelo y mentor, aquel que lo sacaba de todos los problemas en los que se metía, ahora se comportaba como un villano de historietas.

— Viejo, sabía que estabas loco. —

Comentó Kenjiro, acompañando la risa de Ichiei. En ese momento entendió que todo lo que había sucedido había sido por su culpa. Ichiei volvió a la seriedad, observando como nuevamente la expresión de Kenjiro cambiaba, ahora mostrando una escalofriante sonrisa.

Ichiei se limitó a suspirar y comenzó a retirarse, para luego despedirse fríamente de su 'nieto'.

— Hasta siempre, Kenjiro. —

Kenjiro dio un fuerte cabezaso a las rejas de su celda, resonando en todo el lugar.

— NOS VOLVEREMOS A VER, ICHIEI. HAHHAHHAHHAHHA. —

La fuerte risa hizo eco en el oscuro sitio, logrando incomodar a Ichiei, quien se percató que, por primera vez, Kenjiro lo llamaba por su nombre.

004. Familia[]

Eventualmente, Kenjiro fue juzgado bajo los cargos de traición y asesinato. Originalmente su condena era la ejecución inmediata, pero su hermana mayor, la capitana comandante, intervino. Con la excusa de que una prolongada encarcelación era un castigo más apropiado que los criminales recapaciten y paguen con sus crimenes, Kenjiro fue condenado a ser encerrado en el octavo y último nivel de la prisión subterránea durante mil quinientos años.

Sellado y aislado del mundo exterior, el octavo nivel es un espacio infinitamente vacío. Kenjiro se encontraba en medio de la nada misma, sellado con vendas que lo cubrían de pies a cabeza. Estas con aberturas que dejaban sobresalir poco su alborotado cabello, parcialmente sus ojos y boca. Aunque la oscuridad lo cubría todo y no había nada para ver, y todo sonido se perdía en el constante silencio.

Kenjiro no tardó en perder la noción del tiempo. Durante los primeros dos años recurrió a reír desaforadamente con frecuencia, tal vez esto lo hacía mantenerse consciente y, de algún modo, creer que aún había 'algo' dentro de la 'nada misma'. Creyendo haber alcanzado el punto cúlmine de su locura, o aburrimiento, se impuso en un estado de letargo de sueño profundo por los siguientes años.

Mientras tanto, la Sociedad de Almas pasaba por unos de sus peores momentos, o tal vez el peor. Una revolución encabezada por Ichiei que desestabilizó por completo la estructura del Seireitei y sus funciones.

El salón de asambleas de la cámara de los 46 se había encontrado muy activo los últimos cien años. Desde el incidente, estos intervinieron más en la toma de decisiones por la falta de personal dentro de los trece escuadrones. Junto a la capitana comandante lograron devolver el orden al Seireitei, aunque aún quedaban asuntos por tratar, tanto laborales como personales.

[ Alana Izanagi, capitana de la primera división.]

— Años atrás este mismo senado aceptó su pedido de modificar la condena del recluso. Justificaste que no había asuntos personales que favorecieran tus tomas de decisiones. Pero ahora tu pedido es de... ¿liberarlo? —

Habló uno de los seis jueces, con una carta previamente leída por él mismo entre sus manos.

— Así es. Poseo evidencia, aunque circunstancial, de que los hechos por los que se lo juzgaron son falsos, o más bien mal interpretados. —

Respondió con completa formalidad la shinigami de cabellos rojizos.

— Y esta evidencia no tiene nada que ver con que se trate de su hermano adoptivo. ¿Verdad? —

Sugirió, con tono de duda, un segundo juez. Esto encendió el ambiente, así como los ojos de la capitana comandante, que brillaban con nitidez mientras clavaba su mirada en este hombre.

— ¿Tengo que recordarles que perdí a mi esposo aquel día? —

Esta vez el tono provocativo se hizo presente en las palabras de la capitana. Y continuó.

— Como bien aclaro en la carta, responderé por sus acciones y en caso de que se salga de control la situación yo misma lo volveré a encerrar. —

Sus palabras provocaron un murmullo en toda la sala. Su convicción había sido expuesta con firmeza. Con la total autoridad que se le había otorgado, dio por asumida su petición y procedió a retirarse. No sin antes una última intorrogante por parte de uno de los sabios.

— Esto puede ser un error, y lo sabes. ¿Por qué arriesgar todo lo que has logrado? —

La pregunta hizo detener el paso a Alana, quien rápidamente volteó y respondió, pareciendo que ni siquiera se había parado a pensar su respuesta.

— La familia es ese algo por el que vale la pena arriesgarlo todo. —

Sin más que decir se retiró de allí, y emprendió camino a la prisión subterránea bajo las instalaciones de la propia división que capitanea. En su caminar, no habiendo transcurrido muchos pasos, se encuentra con su teniente, recientemente asignada, quien la esperaba.

[ Mizuki Izanagi, teniente de la primera división.]

— Ya he evacuado la división y formé un perímetro como habías ordenado. —

Informó Mizuki, con su cabeza gacha.

— Perfecto. Por último, quita esa cara de preocupación, todo saldrá bien. —

Terminó por decir Alana y continuar su paso. Ante la mirada de su teniente.

005. 100 años[]

Debajo de las instalaciones vacías de la primera división, Alana se encontraba descendiendo en su paso por la prisión subterránea. En su camino, es recibida por un guardia carcelero, vistiendo largas ropas dejando apenas visible sus ojos, quien la escolta el resto del camino.

Ya en el octavo nivel, lo primero que hizo Alana fue advertir a su acompañante que la dejara actuar a ella, pidiendole que se mantenga a la distancia. Frente a ella, yacía Kenjiro reposado sobre una silla de concreto, con su cabeza de lado. Este estaba cubierto de amarillentos vendajes de reishi, pero fácilmente se le podía reconocer. Alana se acercó lentamente, mientras que Kenjiro se encontraba inmóvil.

En su caminar, murmuraba los hechizos necesarios para quitar los sellos que aprisionaban a su hermano. Retirando cuatro de los nueve sellos impuestos sobre él. Con prudencia, Alana terminó de acercarse. Su mano comenzó a emitir un leve brillo, a lo que rápidamente atravesó el pecho de Kenjiro. Tras atravesarlo sin causar ninguna herida, logró retirar un pequeño trozo de papel rectangular, el cual se hizo polvo al momento que fue expuesto.

— ¿Qué ha sido eso? —

Consultó el carcelero, que observó desde varios pasos por detrás.

— Mis sospechas eran ciertas. Ichiei había puesto un limitador en él. —

Respondió Alana, confirmando sus sospechas. Pese a esto, el cuerpo de Kenjiro no emitía ningún rastro de poder espiritual.

— ¿Entonces... está muerto? —

Se preguntó en voz alta el carcelero. Alana se limitó a suspirar. Acto seguido dio una fuerte bofetada, impactando directamente en el rostro de Kenjiro. El golpe de mano abierta resonó en el silencio del ambiente. El carcelero se quedó perplejo.

Alana se alejó rápidamente, a pequeños saltos, como si de un juego de infantes se tratase. Por consiguiente, una potente presión se hizo presente. Como si la gravedad hubiese aumentado repentinamente, el carcelero cayó sobre sus rodillas y manos.

Kenjiro abrió lentamente sus ojos. Tras pasar tanto tiempo en la oscuridad misma, ahora se veía cegado por una destellante luz blanca delante de él. Frente a esta notó a la shinigami de cabellos rojos, a la cual reconoció al instante.

— ¡ALANA! —

Vociferó. Posteriormente salió despedido a gran velocidad, en dirección a ella. Kenjiro terminó por impactar contra una luminosa pared de luz frente a Alana. Ella le sonrió a través de esta, mientras él empujaba contra la misma, clavando sus dedos y comenzando a quebrarla poco a poco.

— ¡¿Donde está Ichiei?! —

Exclamó con rabia. Terminando por quebrar el hechizo de kido.

— No lo se. —

Una mirada de tristeza acompañó la respuesta de Alana. Eso pareció calmar a Kenjiro

— ¡Capitana Izanagi! Aún no ha retirado todos los sellos, aún así... —

Interrumpió el carcelero, aún tendido en el suelo y esforzándose por no ceder ante la presión.

— Es cierto, has podido moverte pese a que no retiré todos los sellos. —

Las palabras de Alana denotaban cierto grado de asombro. Por su parte, Kenjiro no comprendía la situación.

— ¿Capitana... Izanagi? —

Preguntó Kenjiro, confundido.

— Oh, luego de la traición de Ichiei disolví el clan y tomé el apellido de Kyosuke. —

Explicó.

— Sobre Kyosuke... —

Intentó explicarse Kenjiro, cabizbajo.

— No necesitas decir nada. Tengo una idea sobre lo que sucedió. No fue tu culpa. —

Lo interrumpió. Para luego explicar.

— Ichiei lo ha planeado todo. Intentó tomar el control del Gotei, otros shinigami se unieron a él y ha sido un verdadero caos. Por suerte la Guardia Real intervino a tiempo. Desde entonces el Seireitei ha perdido poder, he hecho todo a mi alcance para recuperar la confianza que nos fue arrebatada. —

Alana se mostró realmente afectada por lo que había sucedido mientras narraba.

— Es por eso que estoy aquí. Préstame tu fuerza, y dime... ¿qué quieres a cambio? —

Esta vez se expresó con seriedad.

— ¿Cuanto tiempo ha pasado? —

Se limitó a preguntar Kenjiro, antes de dar una respuesta.

— Cien años. —

006. Kenpachi Kenjiro[]

La noche cayó sobre la sociedad de almas. Dentro del Seireitei la actividad nocturna disminuye mucho por estas horas, por lo que se genera un ambiente bastante silencioso. Mientras tanto, en los cuarteles de la undécima división todo se encontraba demasiado tranquilo, algo extraño teniendo en cuenta los antecedentes de antiguos miembros de dicha división.

Su capitán, Matsudaira, se encontraba en un momento de relajación bebiendo té en solitario. Su reputación dentro de los trece escuadrones era ambigua. Muchos shinigami lo respetaban ya que portaba el título de Kenpachi, además de que para el incidente de cien años atrás salió ileso. Por otra parte, la mayoría de miembros de su división opinaban lo contrario, incluso su antiguo teniente declaró que solo se trataba de un cobarde que temía perder su título y cargo.

Sin más, Matsudaira disfrutaba de la tranquila noche antes de irse a descansar. Aunque para su infortunio, eso no iba a ser así. Repentinamente, una extraña sensación se hizo presente sobre su cuerpo. Instintivamente se dio cuenta que era el efecto del reiatsu de alguien. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y, para cuando apenas pudo reaccionar, el edificio principal de la división había sido partido a la mitad, recibiendo un potente corte vertical.

En ese instante, todo el seireitei percató de un colosal poder espiritual. El mismo Matsudaira se vio invadido por este, acompañado de una risa maníaca. Fue entonces cuando pudo observar, de entre los escombros, la silueta del responsable. No necesitó verlo en detalle para saber de quien se trataba. Apenas pudo llegar a maldecir, antes de recibir un corte directo sobre su torso. Sorprendido por haber sido atacado desde la distancia.

Matsudaira se dio cuenta de que estaba bajo los efectos del reiatsu enemigo, pero le era difícil mantener la compostura. Su visión se había vuelto borrosa, y se encontraba asqueado ante el olor a sangre que lo invadía.

— ¡Maldición, se supone que deberías estar muerto! —

Exclamó el shinigami, frustrado, al cruzar miradas con Kenjiro.

— HAHAHAHAHA. —

Rió el peliblanco, para posteriormente lanzarse a gran velocidad contra Matsudaira quien chocó espadas con él al defenderse.

— He venido por el título de Kenpachi. —

Ahora cara a cara, Kenjiro habló con seriedad. Aunque sus ojos se expandieron mientras apretaba sus dientes y esbozaba una macabra sonrisa. Al verse presionado, Matsudaira recurrió al uso del kido, y con un hechizo empujó a Kenjiro, sacándoselo prácticamente de encima.

Kenjiro se mostró molesto y disgustado al ver que Matsudaira comenzaba a escapar. Con la idea de conseguir algo de tiempo hasta que alguien más apareciera, Matsudaira se movió rápidamente sobre los escombros, planeando alejarse y conseguir algo de tiempo. Al menos eso fue lo primero que se cruzó por su mente.

No alcanzó a salir de los terrenos de la división cuando fue alcanzado y golpeado en la espalda. Cayendo y rodando unos pocos metros. Sobre él, de pie, se posicionó Kenjiro. Presionandolo con uno de sus pies sobre su pecho lo observó con disgusto. Matsudaira, tembloroso, no podía reaccionar. Solo llegó a susurrar algunas palabras para sí mismo.

— ¿Por qué...? Me mentiste... Maldito seas, Ichiei. —

Terminando por cerrar sus ojos, solo esperó lo inevitable. De un corte, Kenjiro terminó por acabar con él. Aunque disgustado, ya que no consideraba eso un combate y no lo había disfrutado.

Para ese entonces, algunos shinigami ya habían llegado a la escena. Estos solo se limitaron a observar desde la lejanía, a la espera de alguien de mayor cargo para tratar con la situación.


Dos horas más tarde, habiendo transcurrido pocos minutos de la medianoche, se llevaba a cabo una reunion poco usual en la cámara de los 46. Allí, Alana había sido citada con urgencia para que responda ante los hechos.

— ¡Apenas han transcurrido doce horas desde que has liberado al criminal y ya ha asesinado, a un capitán! Además, se ha visto envuelto en pleitos posteriores con los capitanes que asistieron al lugar. —

El alarmismo del tono era evidente.

— Estoy al tanto de eso. También debo aclarar en que tengo suficiente evidencia como para afirmar que Matsudaira perteneció al bando de Ichiei años atrás. Además de ser el asesino a traición de Kyosuke Izanagi. El hecho de que Kenjiro fuera tras él confirma las sospechas. —

Habló Alana, tomandose su tiempo en largas pausas, con completa seguridad. A la vez que les acercaba un folio con diferentes papeles y documentos.

— Eso no quita que estabamos en lo cierto. Es un criminal potencialmente peligroso. Debatiremos su encarcelamiento inmediato. —

Respondió el hombre, pero fue interrumpido por Alana.

— Se está ignorando el hecho de que asesinó al capitán de la onceava división. Por tradición, el puesto ahora es suyo. ¿Piensan encarcelar a un capitán? ¿Qué imagen darían si ignoran las tradiciones de las divisiones? —

Todos se quedaron en silencio. Alana, esbozando una sonrisa de seguridad, los había puesto en jaque. Acto seguido, dando por concluída la reunión, procedió a retirarse.

— Por cierto. No es "el criminal", su nombre es Kenjiro, Kenpachi Kenjiro. —

Aclaró antes de dejar la sala.

007. Nueva Generación[]

Una reunión matutina se llevaba a cabo en las instalaciones de la primera división. Los capitanes de los trece escuadrones fueron citados y, excepto uno, todos estaban presentes. Encabezando la formal reunión, la capitana comandate se encontraba de pié y frente a ella el resto de capitanes en fila, uno frente al otro con un pequeño espacio entre sí.

Ignorando el hecho de la ausencia de uno de los capitanes Alana comenzó hablar, no sin antes agradecerles por haber acudido a su llamado.

— Los he citado aquí para informarles que el Gotei 13 comenzará a movilizarse. Soy consciente que aún estamos cortos de personal, pero creo es momento de intentar recuperar lo que nos fue arrebatado. El honor y la confianza. —

La capitana comandante hizo una pausa. Para luego continuar.

— A continuación, la capitana del duodécimo escuadrón procederá a explicarles algunos detalles de las últimas investigaciones. —

Dicho esto Alana dio un paso hacia atrás, mientras que de entre la fila de capitanes uno de los últimos dio un paso al frente. Esta portaba su extenso haori el cual incluía una capucha. Se tomó unos segundos antes de comenzar a hablar, afinando su garganta.

[ Suzuka Gōzen, capitana de la duodécima división. ]

— Los últimos informes confirman el aumento de apariciones de Hollow en el mundo humano, así como también mayor movimiento en hueco mundo. Y no solo eso, los Quincy también se han organizado y comenzaron a moverse en estos últimos años. Desconocemos sus objetivos pero están poniendo en riesgo el equilibrio natural. —

Nuevamente se tomó el trabajo de afinar su garganta. Pero esta vez su expresión cambió, expandiendo sus ojos y mostrando una exagerada sonrisa. También abrió sus brazos como si de un discurso épico se tratara.

— ¡Los shinigami han perdido mucho en estos últimos tiempos! ¡Pero lo recuperaremos, tenemos que! ¡SOMOS LA NUEVA GENERACIÓN!—

Probablemente en su mente haya quedado como un discurso motivacional magnífico digno de elogios, pero para el resto de capitanes fue tanto sorpresivo como incómodo a la vez, ya que no sabían como reaccionar a eso. Para suerte de estos, o quizás no, no tuvieron que hacerlo. Ya que repentinamente todos pudieron sentir la presencia de alguien tras la puerta, lo que los lleva a dirigir su atención hacia allí.

Acto seguido, la lujosa puerta doble, y unica entrada y salida de la extensa sala, vuela en pedazos debido al impacto de alguien atravesándola con brutalidad. Suzuka no pudo evitar esbozar una leve sonrisa al ver de quien se trataba. A su vez Alana habló.

— Llegas tarde, Kenjiro. —

Efectivamente, el capitán de la undécima división había hecho su llamativa aparición. Dejando un rastro de oficiales shinigami en su paso, quienes creyeron que podrían intentar detenerlo.

— Si, bueno, me perdí en el camino. —

Se excusó con evidente desinterés. Para luego observar a todos los presentes.

— Así que ustedes son los más fuertes... —

Ante tales palabras, el capitán de la sexta división no tardó en responder de modo desafiante.

[ Tsukasa Izumi, capitán de la sexta división. ]

— No nos importan tus locuras, compórtate como alguien digno de llevar ese haori. —

Con algo de astucia, Tsukasa intentó frenar los impulsos de Kenjiro con su comentario.

— ¡No conseguí esta maldita capa a base de dignidad, lo hice con mi fuerza! ¡ESO ES LO QUE IMPORTA! Mientras que sigan perdiendo el tiempo en formalidades los shinigami están destinados a fracasar. —

Argumentó Kenjiro, manifestando sus ideales.

— ¿Entonces nos volvemos unos salvajes y nos matamos los unos a los otros? —

Cuestionó Tsukasa.

— Los débiles son un estorbo, sólo los fuertes tienen el poder para cambiar las cosas. —

Kenjiro reafirmó sus ideales, los cuales por un momento trajeron a su mente recuerdos de su último encuentro con Ichiei.

— Estamos aquí porque nuestro deber es contribuir con los trece escu- —

[ Saori Hayami, capitana de la segunda división. ]

Esta vez habló la capitana de la segunda división, aunque no alcanzó a terminar sus palabras debido a que fue interrumpida por Kenjiro.

— ¿Desde cuando los niños pueden ser capitanes? —

La irónica pregunta sorprendió a todos, aunque fue una ofensa directa hacia Saori al verse inferiorizada por su apariencia. Quien no tardó en responder fue el capitán del quinto escuadrón.

[ Shìzǔ Liú Huángdì, capitán de la quinta división. ]

— Hey, esa fue buena. No sabía que tenías un lado humorista, yo tengo un par de chistes sobre la división de kido, ¿quieres oírlos? —

— ¿Existe una división de kido? —

— Claro, ese es el primer chiste y se cuenta solo. —

Una extraña y perturbadora risa corta completamente el ambiente, obligando a todos a voltear a ver de donde provino aquella carcajada, la cual se escuchó como si se tratara de varias risas de niños al unísono pero que provinieron de un solo ser.

[ Kao Nashi, capitán de la novena división. ]

Este llevaba una llamativa máscara, pero no dijo nada más, lo que generó unos segundos de silencio más incómodos. La reacción del capítan de la décima división no fue más que murmurar haciendo alusión a lo incómodo que se encontraba.

[ Kohaku Ō, capitán de la décima división. ]

— Estoy rodeado de fenómenos. —

Sin más participaciones, Alana tomó la palabra para terminar por dar concluida la reunión.

— Me alegra que se estén conociendo. En fin, en los próximos días les llegarán informes respecto a como decidiremos actuar. —

Dicho esto, la mayoría de capitanes comenzaron a retirarse. En su camino, la encapuchada capitana pasó por el lado de Kenjiro, de quien se despidió de una manera extrañamente amistosa. — Nos vemos. — Le dijo por lo bajo, para continuar con su paso. Este simplemente le devolvió una mirada desentendida.

Personajes[]

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